- Dejáme que te pueda mirar, decía con voz suplicante, ya que pronto no te podré ver; era el argumento preferido.
Sutilmente la conversación derivaba a tocar fibras vanidosas del oyente y se ofrecía a ayudarle en un programa Maximizador De Músculos, lo que le brindaba la oportunidad de tocar y palpar aquí y allá.
- Qué falta de dignidad. Qué manera de perder el tiempo, se decía Jili Poleli.
Más sorpresa se llevó, y casi no podía dar crédito, cuando supo que este era prácticamente todo el sexo de Miss Leder, que muy pocas veces iba a más.
Suele suceder que vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la biga en el propio.
El sexo de Jili Poleli resultaba ser muy parecido sin ser consciente de ello. Interminables conversaciones, tocamientos con excusas de masajes y otras. Siempre pretendiendo la castidad y ausencia de intención de los magreos.
Es harto frecuente que como consecuencia de represiones sexuales el deseo se enmascare y que no se identifiquen como sexo acciones sólo movidas por este interés, aunque nunca cruzando la línea que las convertirían en obvias, hecho que las barreras mentales evitan a toda costa incluso impidiendo ser reconocidas por el propio interesado.
También a los mismos motivos puede deberse que realmente sea la conquista, motivada quizás además por la vanidad, y no el resultado lo que interesa y una vez logrado este el deseo se extingue. Conocederas de este hecho, instintiva o conscientemente, muchas personas eternizan la conquista sin permitir, o no poder aceptar, su culminación.
Caso distinto es el de mentes sutiles y desinhibidas que saben encontrar placer más allá de lo puramente genital y que incluso puede prescindir por completo de este. Su desinhibición les abre anchas vías insospechadas para otros o que no se atreverían a transitar o siquiera a querer imaginar.
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